
Inevitablemente, la decisión de cobrar obligará a quienes deseen sumarse a la batalla roja a darse prisa para adquirir su entrada, pues el aforo se va a limitar a un máximo de 22.000 personas, casi 20.000 menos de las que han participado en la última edición.
A día de hoy, tanto el alcalde, Joaquín Masmano, como el edil Rafael Pérez tratan de determinar junto a los técnicos el modo de acotar el espacio en el que acontecerá el evento, algo ciertamente complicado.
Habrá que esperar a conocer la reacción de su principal socio de gobierno, el Partido Socialista, así como de los habituales de esta fiesta de prestigio internacional.
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